sábado, 20 de octubre de 2007

El Último Blues

Ella tiene todo el estilo de mujer a punto de cumplir los treinta; madura, pero joven, vital y consiente de cada movimiento de su cuerpo, cada paso y meneo de caderas, cada sonrisa, parpadeo y movimientos de su cabello. Sus tacones altos resaltan aun más sus largas piernas y el ajustado vestido que llevaba ese día hizo q hasta las mujeres de la oficina se dieran vuelta para mirarla.
Muchas veces habíamos conversado en el radio-taxi camino a nuestras casas sobre nuestros rollos personales, sobre sus hijos, su marido o mi polola. Amigos, qué más podría esperar yo. Pero esa noche de verano, cuando todos los amigos de la oficina estaban en mi casa, ella resaltaba más jovial, la percibía más libre, más audaz, más atractiva. Brillaba.
Puse algo de música lenta y salí a la terraza a fumar un cigarro. Ella me abrazó por la espalda, me lo quitó de la boca y yo mirando al cielo apoye mi cabeza en su hombro. Estuvimos mirando las estrellas en silencio hasta consumir todo el tabaco entre bocanadas de humo y vapor de madrugada.
Abrázame, hace tiempo que no bailo un buen blues, me dijo despacio al oído mientras giraba. Su tibio susurro me provocó un escalofrió. La tomé por la cintura y ella apoyó su boca en cuello, luego me miró de frente y nuestras narices se rozaron. La mezcla del alcohol, su perfume y el tabaco me hicieron aislarme del lugar. Sentía sus pechos calidos y firmes aprisionados contra mi, sus manos abiertas apoyadas en mi espalda y las caricias de su rostro al mío.
No me atrevía a abrir los ojos y sólo moviendo la mano me despedí del los últimos invitados que se marcharon entre risas y comentarios ahogados. Me dijo que estaba algo mareada, le pregunté si quería ir a dormir, sonriendo me dijo que quería un baile más, pero sobre mi, susurró otra vez.
Le di media vuelta y entrelazados caminamos por el pasillo hasta el dormitorio del fondo, sentía su entrega, el contacto con sus glúteos, la cercanía de sus senos, su calor. Y a fuego lento de las velas, a aroma dulce de inciensos y música frágil de pasión, bailamos la última pieza, el último blues.

No hay comentarios: