Y una tarde cualquiera, antes que terminara el verano, salimos con mi pareja formal, Mariel, al cine, siempre íbamos al centro de Santiago, pero ese día ella quiso variar, ir a un lugar mas piola, más relajado. Finalmente fuimos al Mall Arauco, más periférico. Anecdóticamente vimos la película “El Juego”, donde actúa Michael Douglas.
Si bien es cierto, sabía que Andrea trabajaba cerca del sector, pero por la hora y el día era muy improbable que nos encontráramos. Tendría que ser mucha la mala suerte.
De todas formas, preferí asegurarme, haciendo la hora lo más posible, dimos vueltas hasta que se hizo de noche.
Para irnos a casa tomamos el mismo recorrido de bus que nos llevó hasta el centro comercial. Iba lleno de gente y, por lógica, el principio del viaje nos fuimos de pie.
Cuando sólo llevábamos dos minutos de viaje, en la parada siguiente comenzó a subir más gente. Una de estas personas me pareció conocida, asimilando rápidamente recordé que era Paola, una prima de Andrea que trabajaba con ella. Al segundo después fue la mismísima Andrea el siguiente pasajero en abordar.
Mientras avanzaban lenta y estrechamente por el pasillo, un montón de ideas comenzó a pasar por mi cabeza. Lo primero que atiné fue a soltar la mano de Mariel y afirmarme del pasamanos del techo escondiendo la cabeza entre mis brazos. El corazón me latía a mil por hora, mientras mi novia me preguntaba qué pasaba. Le eché la culpa a la comida del cine y que tenía un malestar estomacal. Entre tanto, se desocupó el asiento más próximo y de inmediato le dije a Mariel que lo ocupara. La gente seguía avanzando y de pronto alguien comenzó a empujarme más fuerte de los normal, sin querer mirar me tragué callado un fuerte codazo en la espalda. De reojo me di cuenta que las primas de habían sentado al final del autobús, las salidas eran pocas, y a más que avanzaba el trayecto, menos gente quedaba y más cercana era mi parada, teniendo obligatoriamente que bajar por la puerta trasera, la más cercana. Si no, sería mucho el descaro.
Pasaban las cuadras, los minutos y mil ideas en mi mente, mil preguntas. Qué diablos hacía Andrea en la misma micro que yo? Tampoco el bus pasa por su casa. No sabe dónde vivo. No habíamos quedado en nada para hoy. Se supone que hoy no trabajaba. Es una película? Un mal sueño? Una broma? Qué hago si me dice algo? Cómo las presento? Cómo hacerme humo? Qué hacer…
Si bien es cierto, sabía que Andrea trabajaba cerca del sector, pero por la hora y el día era muy improbable que nos encontráramos. Tendría que ser mucha la mala suerte.
De todas formas, preferí asegurarme, haciendo la hora lo más posible, dimos vueltas hasta que se hizo de noche.
Para irnos a casa tomamos el mismo recorrido de bus que nos llevó hasta el centro comercial. Iba lleno de gente y, por lógica, el principio del viaje nos fuimos de pie.
Cuando sólo llevábamos dos minutos de viaje, en la parada siguiente comenzó a subir más gente. Una de estas personas me pareció conocida, asimilando rápidamente recordé que era Paola, una prima de Andrea que trabajaba con ella. Al segundo después fue la mismísima Andrea el siguiente pasajero en abordar.
Mientras avanzaban lenta y estrechamente por el pasillo, un montón de ideas comenzó a pasar por mi cabeza. Lo primero que atiné fue a soltar la mano de Mariel y afirmarme del pasamanos del techo escondiendo la cabeza entre mis brazos. El corazón me latía a mil por hora, mientras mi novia me preguntaba qué pasaba. Le eché la culpa a la comida del cine y que tenía un malestar estomacal. Entre tanto, se desocupó el asiento más próximo y de inmediato le dije a Mariel que lo ocupara. La gente seguía avanzando y de pronto alguien comenzó a empujarme más fuerte de los normal, sin querer mirar me tragué callado un fuerte codazo en la espalda. De reojo me di cuenta que las primas de habían sentado al final del autobús, las salidas eran pocas, y a más que avanzaba el trayecto, menos gente quedaba y más cercana era mi parada, teniendo obligatoriamente que bajar por la puerta trasera, la más cercana. Si no, sería mucho el descaro.
Pasaban las cuadras, los minutos y mil ideas en mi mente, mil preguntas. Qué diablos hacía Andrea en la misma micro que yo? Tampoco el bus pasa por su casa. No sabe dónde vivo. No habíamos quedado en nada para hoy. Se supone que hoy no trabajaba. Es una película? Un mal sueño? Una broma? Qué hago si me dice algo? Cómo las presento? Cómo hacerme humo? Qué hacer…
Continuará...
