sábado, 17 de noviembre de 2007

3, 2, 1... (Parte II)

Y una tarde cualquiera, antes que terminara el verano, salimos con mi pareja formal, Mariel, al cine, siempre íbamos al centro de Santiago, pero ese día ella quiso variar, ir a un lugar mas piola, más relajado. Finalmente fuimos al Mall Arauco, más periférico. Anecdóticamente vimos la película “El Juego”, donde actúa Michael Douglas.
Si bien es cierto, sabía que Andrea trabajaba cerca del sector, pero por la hora y el día era muy improbable que nos encontráramos. Tendría que ser mucha la mala suerte.
De todas formas, preferí asegurarme, haciendo la hora lo más posible, dimos vueltas hasta que se hizo de noche.
Para irnos a casa tomamos el mismo recorrido de bus que nos llevó hasta el centro comercial. Iba lleno de gente y, por lógica, el principio del viaje nos fuimos de pie.
Cuando sólo llevábamos dos minutos de viaje, en la parada siguiente comenzó a subir más gente. Una de estas personas me pareció conocida, asimilando rápidamente recordé que era Paola, una prima de Andrea que trabajaba con ella. Al segundo después fue la mismísima Andrea el siguiente pasajero en abordar.
Mientras avanzaban lenta y estrechamente por el pasillo, un montón de ideas comenzó a pasar por mi cabeza. Lo primero que atiné fue a soltar la mano de Mariel y afirmarme del pasamanos del techo escondiendo la cabeza entre mis brazos. El corazón me latía a mil por hora, mientras mi novia me preguntaba qué pasaba. Le eché la culpa a la comida del cine y que tenía un malestar estomacal. Entre tanto, se desocupó el asiento más próximo y de inmediato le dije a Mariel que lo ocupara. La gente seguía avanzando y de pronto alguien comenzó a empujarme más fuerte de los normal, sin querer mirar me tragué callado un fuerte codazo en la espalda. De reojo me di cuenta que las primas de habían sentado al final del autobús, las salidas eran pocas, y a más que avanzaba el trayecto, menos gente quedaba y más cercana era mi parada, teniendo obligatoriamente que bajar por la puerta trasera, la más cercana. Si no, sería mucho el descaro.
Pasaban las cuadras, los minutos y mil ideas en mi mente, mil preguntas. Qué diablos hacía Andrea en la misma micro que yo? Tampoco el bus pasa por su casa. No sabe dónde vivo. No habíamos quedado en nada para hoy. Se supone que hoy no trabajaba. Es una película? Un mal sueño? Una broma? Qué hago si me dice algo? Cómo las presento? Cómo hacerme humo? Qué hacer…


Continuará...

lunes, 12 de noviembre de 2007

3, 2, 1...

Era la primera vez. En serio, era la primera vez. Es que las cosas se fueron dando y, bueno, quería experimentar, en una de esas resultaba todo bien y después, filo no más. Nunca me iba a imaginar que las cosas terminarían así, ahora me rió, pero en ese momento pensaba que era un mal sueño.
Entonces llevaba poco con mi novia, como seis meses creo, igual la quería, pero no para toda la vida, esas cosas se sienten. Y bueno, nos fuimos con mi clase a la gira de estudios en el sur. Pucón era nuestra base y desde ahí recorrimos durante dos semanas parte de la IX Región. Inolvidable.
El primer día la lluvia nos recibió con todo, pleno verano y comprando paraguas. Pero a los dieciocho años qué importa mojarse un poco! La misma tarde en que nos alojamos salí con Juan, Juanito para los amigos, el más piola del curso, a hablar por teléfono, entonces los celulares eran escasos.
Al llegar a la cabina habían tres chicas en turno hablando, había que esperar.
De pronto llegó un viejo un tanto borracho y comenzó a molestar al trío de señoritas al que ya le habíamos echado el ojo. Ahí me las tuve que dar de súper héroe, acción que sirvió para entablar conversación, fructífera considerando la situación, y acordar carretear juntos en la mejor disco del lugar al día siguiente.
Al reunirnos con mi curso no tardaron en preguntarnos el por qué de las caras sonrientes. Comprensible pregunta luego de doce horas de viaje, una tarde lluviosa y veinticinco hombres con ganas de salir y conquistar la Araucanía.
Cuando les conté que tenía una cita masiva para toda la clase con más de veinte señoritas al día siguiente, sentí que mi polera tenía en verdad la “S” y que la cabina telefónica era parte de la película.
Así conocí a Andrea, una de las chicas más guapas del grupo. Morena, pelo crespo, largo, con unos labios exquisitos, preciosa. La aventura duró dos semanas con punto suspensivo y con los teléfonos agendados. Mientras diez compañeros terminaron de novios y me lo agradecieron por meses.
De vuelta en Santiago mi noviazgo siguió su curso y las llamadas paralelas con Andrea se hacían más frecuentes. Luego vinieron las citas y así mi primer y único triangulo amoroso…

Continuará…