Ayer 14 de febrero, nos hemos reunido tres parejas de amigos entorno a una rica cena para celebrar el día de San Valentín. Bastante atípica, por cierto. Ya que no fue la tradicional cena romántica a solas. Es más, fuimos a degustar una exquisita comida coreana. He aquí mi recomendación culinaria del mes: Restaurant "Sukine", en pleno barrio Patronato, para ser exactos, en Antonia Lopez de Bello 244, Recoleta.
Entramos al local y de inmediato nos sentimos "extranjeros", rostros orientales en casi todas las mesas nos miraban de pies a cabeza, por suerte el anfitrión del lugar salió raudo a darnos la bienvenida y preguntar si eramos nosotros los de la reserva para seis a nombre de Guillermo. Nos instalamos en un caluroso privado con un sonoro ventilador medio muerto.
No les podría decir el nombre de los platos, ya que mi básico dominio del coreano no da para más que números, patadas y formas del Tae Kwon Do. Pero trataré de describir en algo la fabulosa comilona que nos dimos.
Las parrilladas (Gui), del tipo de carne (jorim) que apetezcan, se preparan en la misma mesa, ya que se instala una cosinilla a gas con todo lo necesario. En una de estas venía "Deungsim Gui", carne de cerdo, mezclada con verduras como pimientos, zapallo italiano, coliflor, champiñones, además de calamares y una salsa agridulce y picante que envicia. Mientras la otra tenía carne de vacuno, vegetales verdes y cebollines. Sin picante.
La variedad está en los acompañamientos: Arroz (bap), tortilla de huevo con verduras, maní agridulce, y una potente verdura cocida similar a la acelga, muuuy picante. Junto a unas hojas de alga nori (la misma del sushi) y frescas hojas de lechuga, las cuales se ocupan con los acompañamientos para hacer una especie de fajitas o tacos.
Otro plato exquisito es el Jeon, cerdo en forma de creeps, con verduras frescas, cubierto por una salsa dulce, tipo almibar. Contraste perfecto.
La características principales de esta cocina, es que los sabores no están nacionalizados al país que se llevan, sino que son íntegramente coreanos en sus formas, sabores y aromas. Es el consumidor quien debe amoldarse. Algo muy diferente a lo que pasa con la comida china o japonesa, que van añadiendo ingredientes propios del país, alejandose de la receta original. En Chile el claro ejemplo pasa con el arroz chaufan "graneado y con zanahoria" o con la carne mongoliana con aji verde o cacho de cabra. Qué decir del sushi, te encuentras con unos rolls de pollo, plop!
La gracia de la korean food es que sus picantes no arden profundamente en la boca, como pasa con los ajies mexicanos, chilenos o peruanos, como el rocoto, sino que dan la sensación de calor, para aliviarse facilmente con agua, cerveza o un buen vino blanco.
El postre, un trozo de sandía o una mandarina, bien dulces, que amortiguan todos los sabores anteriores y dejan listo para seguir comiendo.
Entramos al local y de inmediato nos sentimos "extranjeros", rostros orientales en casi todas las mesas nos miraban de pies a cabeza, por suerte el anfitrión del lugar salió raudo a darnos la bienvenida y preguntar si eramos nosotros los de la reserva para seis a nombre de Guillermo. Nos instalamos en un caluroso privado con un sonoro ventilador medio muerto.
No les podría decir el nombre de los platos, ya que mi básico dominio del coreano no da para más que números, patadas y formas del Tae Kwon Do. Pero trataré de describir en algo la fabulosa comilona que nos dimos.
Las parrilladas (Gui), del tipo de carne (jorim) que apetezcan, se preparan en la misma mesa, ya que se instala una cosinilla a gas con todo lo necesario. En una de estas venía "Deungsim Gui", carne de cerdo, mezclada con verduras como pimientos, zapallo italiano, coliflor, champiñones, además de calamares y una salsa agridulce y picante que envicia. Mientras la otra tenía carne de vacuno, vegetales verdes y cebollines. Sin picante.
La variedad está en los acompañamientos: Arroz (bap), tortilla de huevo con verduras, maní agridulce, y una potente verdura cocida similar a la acelga, muuuy picante. Junto a unas hojas de alga nori (la misma del sushi) y frescas hojas de lechuga, las cuales se ocupan con los acompañamientos para hacer una especie de fajitas o tacos.
Otro plato exquisito es el Jeon, cerdo en forma de creeps, con verduras frescas, cubierto por una salsa dulce, tipo almibar. Contraste perfecto.
La características principales de esta cocina, es que los sabores no están nacionalizados al país que se llevan, sino que son íntegramente coreanos en sus formas, sabores y aromas. Es el consumidor quien debe amoldarse. Algo muy diferente a lo que pasa con la comida china o japonesa, que van añadiendo ingredientes propios del país, alejandose de la receta original. En Chile el claro ejemplo pasa con el arroz chaufan "graneado y con zanahoria" o con la carne mongoliana con aji verde o cacho de cabra. Qué decir del sushi, te encuentras con unos rolls de pollo, plop!
La gracia de la korean food es que sus picantes no arden profundamente en la boca, como pasa con los ajies mexicanos, chilenos o peruanos, como el rocoto, sino que dan la sensación de calor, para aliviarse facilmente con agua, cerveza o un buen vino blanco.
El postre, un trozo de sandía o una mandarina, bien dulces, que amortiguan todos los sabores anteriores y dejan listo para seguir comiendo.
