viernes, 26 de octubre de 2007

El Grito de los que sobran

Conocido en el sector del metro Las Rejas como Panchito, Francisco Vásquez, un vagabundo, supuestamente trastornado por las drogas y el alcohol, transita durante todo el día a lo largo de una cuadra con la intención, según él, de que la gente salga de la burbuja en que vive y “aterrice” en la realidad. Para ello emplea un
singular método, gritar.

Cuatro de la tarde con treina y cinco minutos. En la salida norponiente del metro Las Rejas se escucha un grito, un ronco y fuerte ahhh!, que sorprende y hace dar un salto a dos distraídas escolares. Aquel potente alarido proviene de un hombre al que la gente del sector llama Panchito. Un personaje callejero como tantos otros, pero familiar y especial para quienes viven y transitan a diario por el lugar.

Francisco Vásquez suele pasearse por la vereda de la Alameda que abarca desde el Crazy Bar hasta el paradero de colectivos con dirección a Maipú, sólo una cuadra hacia la costa. Viste una camisa blanca con finas rayas verdes y rojas, pantalón café, desgastado, arrugado y sucio, como toda su ropa y un par de zapatillas, que alguna vez fueron blancas, con los cordones desatados.

Su rostro es el reflejo del descuido y desinterés típico del vagabundo por su higiene y cuidado, lo que lo hace parecer mayor de los cuarenta años que dice tener. Cuando grita, sus pequeños ojos parecen salir de su rostro. Camina con largos pasos, siempre con la vista al frente y la espalda exageradamente erguida. El extenso balanceo de sus brazos asemeja el andar de los simios.

Si bien cuando camina parece con la mirada perdida sabe perfectamente lo que sucede a su alrededor ya que, según sus propias palabras, la razón de sus gritos es hacer que aquellas personas que pasan junto a él despierten y dejen de lado, aunque sea por unos minutos, los asuntos personales y se percaten de la otra realidad, la de la calle.

Es como si Panchito hubiera llegado a aquel sector por una estrategia previa. Allí, en las horas peak, hay un gran afluente de personas: usuarios de autobuses, colectivos o del mismo tren subterráneo. También existe gran cantidad de locales comerciales: panadería, botillería, abarrotes, farmacia, quioscos y puestos variados que son testigos a diario de los paseos de este hombre.

¿Lleva mucho tiempo en la calle?
Uh!, harto po` amigo, pero no se cuanto, quizás toda la vida.

¿Y donde vive?
Tengo casa, pero no voy pa` allá, me gusta ir donde el “Lalo”, mi compadre. Ahí nos tomamos un vino con los “cabros” en la noche.
¿Por qué le grita a la gente?
Mire, no es sólo el grito, el grito ahoga al grito interno. ¿Me entiende?, es más profundo. Le explico. Aquí la gente vive su vida, ni siquiera mira pal` lado. Está metida en la cagada de sistema, eso hace mal. Entonces yo les grito y les reviento esa burbuja, “despabilan” y “se ascurren” que la cosa no es tan así po`.
Cinco de la tarde con veinte minutos. Francisco se para frente a la carnicería y grita un par de veces, del interior le responden de la misma forma y se escuchan las carcajadas de los vendedores. A unos metros la señora Marta González, dueña de un puesto de flores naturales lo espera para regalarle el cigarro diario.

Marta, conoce a Panchito desde hace 5 años y explica que “el está todo el día de un lado para otro, le gusta andar asustando a la gente con esos gritos. Durante todo el santo día no hace otra cosa”, dice con una sonrisa en los labios. Además, cuenta que, según lo que se rumorea por el sector, Francisco alguna vez fue profesor de filosofía, pero después de la muerte de su esposa sufrió una depresión y los vicios lo trastornaron.

El cabo Cristian Gutiérrez, de ronda por la zona, explica que Panchito, pese a su aspecto, es una persona tranquila. Pero aclara que, debido a sus trastornos mentales, “hay ocasiones en que se pone medio “pesado”, le grita a todo el mundo y pide a los vendedores o peatones cigarros, monedas o algo para comer. Más allá de eso nunca nos ha dado problemas, claro que de repente hay que “corretearlo” por lo mismo”.

El carabinero cuenta como anécdota que en tres ocasiones han encontrado a Francisco a altas horas de la noche “muerto de curado” por ahí y, como ya conocen a sus amigos (Lalo), lo llevan hasta allá.

Seis y diez de la tarde. A esta hora la concurrencia de público es mucho mayor. La mayoría de las personas sale de sus trabajos y va rumbo a sus casas. Ahora es uno de esos instantes
cuando el singular personaje más se entretiene.

Sea quien sea que pase por su lado él grita fingiendo exageradamente un nuevo dolor de cabeza o un terrible ataque al corazón. Ese ronco y fuerte ahhh! vuelve a sonar con más fuerza. Un nuevo bramido de un loco de calle encargado de remecernos, El cable a tierra de Panchito, el gritón de Las Rejas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Author: venus (http://sensacionesvenus.blogspot.com)
Date Posted: 09 Oct 2007 10:18 AM (GMT -03:00)


unpeculiar cuerdo...un loco de ideas raras...tal vez mas realistas que a esos que grita...



me encanto el post



besotes guille