Dónde se bajará? Me preguntaba, mientras se desocupada el otro asiento y estaba forzado a sentarme junto a Mariel. Tengo que evitar los besos y abrazos de cualquier forma, sabía que me observaban, me clavaban la mirada y por el rabillo de ojo sentía las punzadas. Este sueño no termina! Pensaba.
El famoso “dolor de estómago” se hizo más fuerte, lo único que quería era estar con los ojos cerrados, la cabeza entre las manos, no pensar. A punto de que el verdugo dejara caer la guillotina o que Andrea me arrancara la cabeza.
Hay que bajarse, me dijo Mariel. Con las rodillas débiles caminé lo más normal hasta el final del bus, mi novia delante y por sobre su hombro comenzaba a aparecer el rostro de Andrea. Sus ojos se clavaron en los míos y en cada paso me sentía más pequeño, su mirada penetrante, acusadora, reveladora, no hacía más que incentivar mis nervios. Una vez de frente, cuando ya nada se podía hacer, le dije, mientras Mariel bajaba el primer peldaño, hola! Y tu? Que estás haciendo acá? Te estuve llamando a casa y nadie me habló, para dónde vas? Y una mueca de sonrisa tan forzada como tornillo de muelle se dibujó en mi rostro. No hubo respuesta, no hubo preguntas, sólo silencio y la mirada de ira se transformaba en impotencia, su cara cada vez más roja y sus ojos con lágrimas a punto de saltar. Era hora de bajar, todo sucedía a espaldas de Mariel, quien ponía el primer pie en tierra, mientras yo me dividía en decirle que nos veíamos en casa, que seguía de largo por un apuro y quedarme en el bus para hablar con Andrea, o decirle a la misma Andrea que me había pillado por sorpresa, me bajaba y la llamaba más tarde.
Decidí bajarme, no sin antes decirle a Andrea que la llamaba en la noche. Eso hice, pero nada, me contestó el papá diciendo que andaba en un cumpleaños de una prima que vivía en la comuna de Renca, que llegaba mañana.
De a poco fui armando el puzzle. Su prima era la de cumpleaños, Andrea la pasó buscar al trabajo, tomaron la micro que llegaba a Renca, la cual coincidentemente pasaba por mi casa. El destino y sus jugadas.
Al día siguiente todo bien con Mariel, normal. Llamaba cuando podía a Andrea, pero nada… Decidí esperar al día siguiente e ir a buscarla a la salida del trabajo. Las cosas debían aclararse. Los peor ya había pasado, qué más podía suceder? Que me mandara al carajo? Con su mirada ya lo había hecho.
Como presintiendolo, Andrea salió del trabajo escoltada por tres chicas, entre ellas su prima. Le hablaba, le pedía que parara, que conversáramos, pero no respondía, así dos largas cuadras, hasta que volteó y me gritó: Mentiroso! Estallando en llanto. Sus amigas la consolaban. Traté de explicarle que Mariel era una amiga, que andaba de compras y me la encontré, como éramos vecinos nos habíamos ido juntos en la bendita micro, que si hubiera sido de otra forma ella misma habría visto besos, abrazos, etc. A esas alturas las mentiras ya no eran para salvarme yo, si no para apaciguar el dolor de ella, comprendí que no era un juego, que había causado daño. Mantuve mi verdad hasta el final. Las amigas se alejaron y nos dejaron un rato a solas. Andrea se calmó, mi miró de frente y me dijo que cuando me conoció ella también tenía un amor en Santiago, pero a penas llegó terminó con él. Que sentía que lo nuestro era de verdad, que se la había jugado. Pero que necesitaba un tiempo sola para ordenar sus ideas y consolidar juicios.
Ese tiempo duró casi un año. Nos dejamos de ver, de llamar, perdimos contacto. Pero al siguiente verano le escribí una carta de puño y letra contándole toda la verdad. Le decía que si estaba dispuesta al perdón le dejaba mi dirección, mis teléfonos y mi mail, ella sabía qué hacer. A esas alturas lo mío con Mariel ya había roto un par de meses antes de manera definitiva.
Pasaron siete días y mi hermana me avisa que me llaman al teléfono, al principio no reconocí la voz, pero luego del “hola” un escalofrío recorrió mi espalda y como fotos me volvieron a la mente todos lo episodios de esa película. Juntémonos a conversar, me dijo. Pasa a buscarme al trabajo durante la semana cuando puedas, no hay problema. Te he extrañado mucho, gracias por la carta, la necesitaba…
El famoso “dolor de estómago” se hizo más fuerte, lo único que quería era estar con los ojos cerrados, la cabeza entre las manos, no pensar. A punto de que el verdugo dejara caer la guillotina o que Andrea me arrancara la cabeza.
Hay que bajarse, me dijo Mariel. Con las rodillas débiles caminé lo más normal hasta el final del bus, mi novia delante y por sobre su hombro comenzaba a aparecer el rostro de Andrea. Sus ojos se clavaron en los míos y en cada paso me sentía más pequeño, su mirada penetrante, acusadora, reveladora, no hacía más que incentivar mis nervios. Una vez de frente, cuando ya nada se podía hacer, le dije, mientras Mariel bajaba el primer peldaño, hola! Y tu? Que estás haciendo acá? Te estuve llamando a casa y nadie me habló, para dónde vas? Y una mueca de sonrisa tan forzada como tornillo de muelle se dibujó en mi rostro. No hubo respuesta, no hubo preguntas, sólo silencio y la mirada de ira se transformaba en impotencia, su cara cada vez más roja y sus ojos con lágrimas a punto de saltar. Era hora de bajar, todo sucedía a espaldas de Mariel, quien ponía el primer pie en tierra, mientras yo me dividía en decirle que nos veíamos en casa, que seguía de largo por un apuro y quedarme en el bus para hablar con Andrea, o decirle a la misma Andrea que me había pillado por sorpresa, me bajaba y la llamaba más tarde.
Decidí bajarme, no sin antes decirle a Andrea que la llamaba en la noche. Eso hice, pero nada, me contestó el papá diciendo que andaba en un cumpleaños de una prima que vivía en la comuna de Renca, que llegaba mañana.
De a poco fui armando el puzzle. Su prima era la de cumpleaños, Andrea la pasó buscar al trabajo, tomaron la micro que llegaba a Renca, la cual coincidentemente pasaba por mi casa. El destino y sus jugadas.
Al día siguiente todo bien con Mariel, normal. Llamaba cuando podía a Andrea, pero nada… Decidí esperar al día siguiente e ir a buscarla a la salida del trabajo. Las cosas debían aclararse. Los peor ya había pasado, qué más podía suceder? Que me mandara al carajo? Con su mirada ya lo había hecho.
Como presintiendolo, Andrea salió del trabajo escoltada por tres chicas, entre ellas su prima. Le hablaba, le pedía que parara, que conversáramos, pero no respondía, así dos largas cuadras, hasta que volteó y me gritó: Mentiroso! Estallando en llanto. Sus amigas la consolaban. Traté de explicarle que Mariel era una amiga, que andaba de compras y me la encontré, como éramos vecinos nos habíamos ido juntos en la bendita micro, que si hubiera sido de otra forma ella misma habría visto besos, abrazos, etc. A esas alturas las mentiras ya no eran para salvarme yo, si no para apaciguar el dolor de ella, comprendí que no era un juego, que había causado daño. Mantuve mi verdad hasta el final. Las amigas se alejaron y nos dejaron un rato a solas. Andrea se calmó, mi miró de frente y me dijo que cuando me conoció ella también tenía un amor en Santiago, pero a penas llegó terminó con él. Que sentía que lo nuestro era de verdad, que se la había jugado. Pero que necesitaba un tiempo sola para ordenar sus ideas y consolidar juicios.
Ese tiempo duró casi un año. Nos dejamos de ver, de llamar, perdimos contacto. Pero al siguiente verano le escribí una carta de puño y letra contándole toda la verdad. Le decía que si estaba dispuesta al perdón le dejaba mi dirección, mis teléfonos y mi mail, ella sabía qué hacer. A esas alturas lo mío con Mariel ya había roto un par de meses antes de manera definitiva.
Pasaron siete días y mi hermana me avisa que me llaman al teléfono, al principio no reconocí la voz, pero luego del “hola” un escalofrío recorrió mi espalda y como fotos me volvieron a la mente todos lo episodios de esa película. Juntémonos a conversar, me dijo. Pasa a buscarme al trabajo durante la semana cuando puedas, no hay problema. Te he extrañado mucho, gracias por la carta, la necesitaba…


5 comentarios:
Y volvisteis?...
o eso forma parte de tu intimidad?...
sabes una cosa?..
el corazon de una persona que perdona....es especial..
te lo digo yo k soy incapaz....y por eso las valoro y admiro...
un besico guillermo...y gracias por compartir tu historia. :-)
Y entonces....? que pasó? Me ha encantado la frase " A esas alturas las mentiras ya no eran para salvarme yo, sino para apaciguar el dolor de ella". Eso dice mucho de una persona.
Besotes
madura su posicion..
tal vez necesitaba tu explicacion....
...
bueno sin embargo quiero saber como termina todo..
besos guillermo
Es lo que tiene jugar a doble banda... corres el riesgo de lastimar a los otros...
A pesar de todo, parece que la cosa salió bien! Ya nos dirás cómo terminó la cosa! :)
Besito :*
El final lo dejo a vuestra imaginación...
Besos
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